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sábado, 12 de febrero de 2022

El hombre que salvó al mundo

 

Durante la crisis de los misiles cubanos en el año 1962, destructores de los Estados Unidos acosaron a un submarino soviético que estuvo a punto de lanzar un torpedo nuclear. La sangre fría de un oficial evitó la III Guerra Mundial en un episodio que permaneció oculto durante años.


Comandante Arkhipov.


El submarino soviético era un B-59, un sumergible de ataque al que la OTAN denominaba de Clase Foxtrot. El máximo responsable del buque era Vitaly Savitsky, que llevaba como segundos a bordo a Vasili Alexandrovich Arkhipov y a un oficial político. El 27 de octubre de 1962, el B-59 se encontraba escondido en el Caribe, en una misión secreta hacia Cuba, cuando fue localizado por un buque de guerra de Estados Unidos. El presidente norteamericano John F. Kennedy había declarado un bloqueo económico contra Cuba, prohibiendo todo tipo de tráfico hacia o desde la isla. Por esta razón, el buque estadounidense comenzó a detonar bombas de profundidad alrededor del submarino soviético, con el fin de obligarlo a identificarse y salir a la superficie sin ningún conocimiento de que éste cargaba armas nucleares.

Los soviéticos a bordo del B-59 llevaban días sin comunicación con Moscú a causa de una avería . El capitán Valentin Savitsky se sintió acorralado y sospechó que quizás había comenzado una guerra de la cual no se habían enterado por su incomunicación. Por esta razón, Savitsky tuvo la intención de lanzar un misil nuclear, de aproximadamente la misma potencia que la bomba de Hiroshima, contra el buque estadounidense.

El trío de oficiales al mando había zarpado de la URSS con autorización para lanzar sus torpedos nucleares si todos ellos estaban de acuerdo en hacerlo. Sin comunicación con Moscú, afortunadamente para la humanidad, el comandante Arkhípov mantuvo la calma y logró convencer a su capitán de que no estaban siendo atacados. Gracias a su prudencia y criterio el mundo se salvó de un conflicto posiblemente catastrófico.

Su historia no se hizo pública hasta 2002. En un congreso celebrado en La Habana a los 40 años de aquel episodio, el exsecretario de Defensa americano, Robert Mcnamara, basándose en documentos estadounidenses desclasificados, admitió que la guerra nuclear estuvo más cerca de lo que nadie había imaginado. Thomas S. Blanton, director desde 1992 del Archivo de Seguridad Nacional independiente y no gubernamental de la Universidad George Washington, aclaró a que se refería a un un tipo llamado Vasili Arkhipov que había muerto tres años antes.

Después de la crisis de los misiles de Cuba, Arkhipov continuó en la armada soviética. Fue ascendido a contralmirante en 1975 y se convirtió en jefe de la Academia naval Kírov. Fue ascendido a vicealmirante en 1981 y se retiró a mediados de los años 80. Posteriormente se asentó en Zheleznodorozhny, en el Óblast de Moscú, donde murió en 1998.

sábado, 30 de enero de 2021

Un héroe desconocido que salvó al mundo

 

Vasili Arkhipov.


Hay ciudadanos que pasaron inadvertidos en la Historia por diversas razones, pero que tuvieron un papel relevante en el desarrollo de los acontecimientos. Este es el caso de Vasili Arkhipov que salvó a la humanidad del desastre nuclear durante la Guerra Fría.


Vasili Arkhipov, nacido en 1926 y fallecido en 1998, fue uno de los tres oficiales al mando de un submarino soviético B-59. En los últimos días de octubre de 1962 navegaba sumergido junto a otros cuatro submarinos similares con destino a Cuba.


La Unión Soviética había instalado secretamente en suelo cubano varias lanzaderas de misiles nucleares, capaces de alcanzar territorio estadounidense en apenas unos minutos. Era la respuesta al despliegue previo de proyectiles atómicos de Estados Unidos en Turquía, una amenaza capaz de golpear y devastar Moscú en apenas un cuarto de hora.


En medio de esa escalada de tensión la 69 Brigada Submarina Soviética, en la que se encuadra la nave de Arkhipov, se dirigía hacia aguas cubanas. Su misión, burlar el embargo que la armada norteamericana había dispuesto en torno a la isla y establecer una base submarina en la bahía de Mariel, en la costa norte de Cuba.


El B-59 de Vasili Arkhipov iba equipado con torpedos nucleares. Pocos días antes, un avión espía U-2 de los Estados Unidos había sido derribado en suelo cubano y un grupo de cazas MIG soviéticos atacaba a otro de estos aparatos mientras completaba un vuelo de reconocimiento en Siberia.


Mientras en el Pentágono se ultiman los detalles para la invasión final de Cuba, los buques de la US Navy y los aviones espías de la CIA sobrevolaban el Caribe en busca de embarcaciones soviéticas que intentaban introducir más armamento nuclear en la isla.


Las instrucciones del secretario de Defensa norteamericano, Robert Mcnamara, eran claras, si se detectaba a cualquier intruso los buques norteamericanos debían obligarlo a emerger e identificarse y bloquear su acceso. Una de esas embarcaciones era el B-59. El máximo responsable del buque, Vitaly Savitsky, llevaba como segundos a bordo a Arkhipov y un oficial político.


A media tarde del 27 de octubre de 1962 los acontecimientos se precipitan. Un grupo de destructores estadounidenses detecta la brigada del B-59. Ignorando que se enfrentan a buques con armamento nuclear, los barcos norteamericanos comienzan a lanzar cargas de profundidad para forzar a los submarinos soviéticos a emerger.


A bordo del sumergible de Arkhipov se viven momentos de pánico y caos. Ante la gravedad de los acontecimientos, el trío de oficiales al mando había zarpado de la URSS con autorización para lanzar sus torpedos nucleares si los tres oficiales estaban de acuerdo en hacerlo.


Sin comunicación con Moscú, y desconociendo si ya había estallado la guerra entre las dos superpotencias, un grupo de marinos acosados tendría que decidir el destino de la humanidad. El oficial de comunicaciones Vladimir Orlov vivió a bordo aquellos dramáticos instantes. Según la versión que facilitó de los hechos, tras una larga travesía transoceánica sumergidos, la tripulación y el capitán Savitsky estaban ya exhaustos.


Las cargas de los destructores norteamericanos explotaban a pocos metros del casco del submarino soviético. Así hostigado, presionado por una marinería que exigía defenderse, Savitsky hace un último e inútil intento de contactar con Moscú.


Es entonces cuando decide lanzar un torpedo, pero antes consulta, como estaba convenido, a sus dos segundos a bordo para ratificar una decisión que requería de su consentimiento. Los tres marinos celebran una reunión que decidió el destino de la humanidad. El oficial político se muestra de acuerdo con Savitsky en abrir fuego, pero Arkhipov se opone


Arkhipov convence a Savitsky de que haga emerger el submarino. El B-59 asoma a la superficie y da media vuelta a la espera de instrucciones del Kremlin rehuyendo el enfrentamiento con las fuerzas norteamericanas. Pocas horas después, Kennedy y Kruschev alcanzaban un acuerdo.


Nadie lo supo entonces, pero Arkhipov salvó aquel día al mundo. Su historia no se hizo pública hasta 2002. En un congreso celebrado en La Habana a los cuarenta años de aquel episodio, Mcnamara, basándose en documentos estadounidenses desclasificados, admitió que la guerra nuclear estuvo más cerca de lo que nadie había pensado.