Clave Menor: La energía en la iglesia de la Vera Cruz (II)

Publicidad

sábado, 1 de agosto de 2020

La energía en la iglesia de la Vera Cruz (II)

En el capítulo anterior se describió el origen del templo de la Vera Cruz, su plano telúrico y las leyendas relacionadas con el monumento.

Determinadas construcciones, relacionadas con el culto religioso, suelen ubicarse en zonas concretas escogidas por unas características y factores no sólo prácticos, como el abastecimiento de agua o un apreciado distanciamiento del mundanal ruido, sino también, por su concentración energética, como podría ser el caso de determinadas catedrales, ermitas y conjuntos megalíticos.

Interior de la iglesia de la Vera Cruz.
Diversas investigaciones han tratado de desvelar en qué consistiría esa concentración e irradiación energética, y qué posible e hipotética funcionalidad tendría dentro de órdenes religiosas como la de los Templarios, teniendo en cuenta que sus actividades no sólo se centraron en el terreno militar y en el culto religioso más convencional y ortodoxo.

Dentro de las posibles respuestas está la investigación realizada por el doctor Ernst Hartmann en el año 1951. Partiendo de un estudio dedicado a medir la resistencia eléctrica de un grupo de personas en diferentes lugares, Hartmann llegó a configurar toda una red electromagnética invisible, pero medible, alrededor de todo el planeta.

Las líneas Hartmann son líneas rectas perpendiculares de 21 centímetros de ancho, separadas por 2’50 metros de distancia, en sentido norte-sur, con una polaridad negativa de naturaleza magnética, separadas por dos metros en sentido este-oeste con polaridad positiva de naturaleza eléctrica.

Como se sabe a través de la medicina oriental, el cuerpo humano está recorrido por meridianos energéticos; de igual forma, la Tierra como organismo vivo que es, posee una red de ondas magnéticas y radiaciones procedentes de su interior de origen natural como, por ejemplo, la desintegración radiactiva de minerales, cuyos efectos, curiosamente, pueden ser potenciados por la conductividad de las corrientes de agua del subsuelo.

Los cruces o intersecciones de estas líneas de energía se llegan a convertir en puntos “geopatógenos” por las implicaciones negativas que causan a un ser vivo en su sistema nervioso, cuando éste permanece demasiado tiempo expuesto a este tipo de radiación.

Sólo los animales son capaces de detectar sensiblemente la frecuencia vibratoria de estas emisiones, lo que les evita recibir estos efectos negativos. ¿Será por eso que los grajos no se posan sobre los tejados de la Vera Cruz?, como se explica la leyenda expuesta en el capítulo anterior.

Hay quién se pregunta si en algún momento, la Orden del Temple pudo utilizar este tipo de concentración energética para sus rituales de iniciación. Se cree que este recinto no estaba especialmente destinado al culto público, sino a ritos iniciáticos.

Actividades rituales que, por su secretismo y su naturaleza simbólica, incomprensibles para mentes convencionales de la época, fueron mal interpretadas y posteriormente utilizadas, junto a otras acusaciones, para lograr su destrucción como orden religiosa, ya que llegó a adquirir un poder económico, político y religioso que hizo peligrar el orden establecido y la hegemonía de los estados.


No hay comentarios:

Publicar un comentario